La izquierda se recupera arropada por la movilización
Escrito por Jesús M. Pérez/Miembro del Consejo Político de IU-Vicálvaro (Madrid) Martes, 06 de Abril de 2010 13:29
Francia/Elecciones regionales de marzo de 2010
El pasado 21 de marzo se celebró la segunda vuelta de las elecciones regionales en Francia con un resultado claramente favorable al conjunto de la izquierda que obtuvo el 54,06% de los votos con lo que controlará 21 de las 22 regiones de la Francia metropolitana. Las listas de la izquierda avanzan cinco puntos respecto a las elecciones de 2004 mientras las listas sarkozystas tan solo lo hacen en un punto teniéndose que conformar con el 35,37%. Quien más retrocede en su resultado global es el Frente Nacional que pasa de un 16,46% a un 9,17%. A pesar de este fuerte retroceso de la ultraderecha aún conserva un importante respaldo en sus principales feudos: un 24% en Provenza, donde se presentaba su líder, Jean M. Le Pen, y un 22% en Calais, con una lista encabezada por su hija, Marine Le Pen. La derecha francesa ha obtenido su peor resultado electoral de la V República, su mayor derrota en 50 años.
El Partido Socialista y el Frente de Izquierdas
En los años transcurridos desde las anteriores elecciones regionales se han producido bastantes cambios significativos en el seno de la izquierda. En 2004 el Partido Socialista y el Partido Comunista se presentaron en listas conjuntas a la primera vuelta consiguiendo el 36,8% de los votos. En esta ocasión, el PSF se ha presentado en solitario en la primera vuelta alcanzando el 30%, convirtiéndose en la primera fuerza política francesa.
El PCF formó, con el Partido de Izquierdas (escindido del PSF) y otros grupos izquierdas, el Frente de Izquierdas que en la primera vuelta de este año consiguió el 6,2% de respaldos electorales obtenido en solo 17 de las regiones en las que se presentaba como tal.
Por otra parte, Los Verdes, que en 2004 concurrieron divididos, tuvieron un 3,7% de los votos mientras que, en esta ocasión, han subido hasta el 12,3%, aunque este resultado les deja sensiblemente por detrás del 16% que consiguieron en las elecciones europeas.
En cuanto a los grupos de ascendencia trotskista, Lutte Ouvriere (LO) y Liga Comunista Revolucionaria (LCR) que formaron listas conjuntas en 2004 alcanzando un prometedor 5%, rechazaron formar parte del Frente de Izquierdas, se han presentado por separado y en las recientes elecciones han visto reducido su apoyo a un 1,3% el primero, y a un 2% el segundo, que ahora se denomina Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). Su líder, Olivier de Besancenot, obtuvo el 3% en la región de París, mientras el Frente de Izquierdas conseguía el 6,4%.
Tan solo en tres regiones han ido en listas conjuntas el Frente de Izquierdas y el NPA; Loira, Languedoc y Limousin. En las tres el resultado ha estado muy por encima de lo conseguido en solitario por LO. En Loira el 5% frente al 1,6%. En Languedoc, el 8,59% frente al 0,63% y, sobre todo, en Limousin donde el Frente y el NPA juntos han alcanzado el 19%, frente al 1,5% cosechado por LO.
En la segunda vuelta el PSF ha acudido a las unas aliado exclusivamente con Los Verdes en diez regiones y con Los Verdes más el Frente de Izquierdas en nueve y solo con el Frente en una (Córcega).
El caso de Limousin es muy ilustrativo pues demuestra las posibilidades de una política orientada hacia la alianza con el PSF pero sin caer en el seguidismo. En la primera vuelta una coalición formada por el Frente de Izquierdas, el Partido de Izquierdas y el NPA, denominada “Terre de Gauche”, había conseguido un 13,1%. En las negociaciones con el PSF para la segunda vuelta, la coalición rechazó la exigencia socialista de dejar fuera a los representantes del NPA. Esta postura firme catapultó a la lista del Frente-NPA hasta el 19,1%, más de lo que esperaba su cabeza de lista, el dirigente local del PCF, Christian Audoin, que en una entrevista publicada en la víspera electoral decía que “el 17% es una posibilidad real”.
Debilitamiento de Sarkozy
La derrota electoral ha tenido sus consecuencias para la derecha y el Gobierno de Sarkozy. El presidente francés se ha visto obligado a llevar a cabo una remodelación de su gobierno desde una posición más débil, no sólo por el avance de la izquierda, sino también frente a sus rivales en la propia derecha. No ha tenido más remedio que aceptar la entrada de nuevos ministros que son representantes de corrientes enfrentadas a él en la lucha por el liderazgo de la derecha. Al menos seis dirigentes de la derecha se han postulado ya como posibles candidatos a unas elecciones presidenciales.
De hecho, la derecha ha sufrido una escisión importante. Su principal “enemigo”, el exprimer ministro, Dominique de Villepin, anunció cinco días después de la derrota, la creación de un nuevo partido, independiente de la UMP de Sarkozy, al que las encuestas otorgan entre el 8 y el 10% en unas elecciones presidenciales. En su presentación defendió la suspensión del “escudo fiscal” que instauraba un tope del 50% de gravamen máximo a un contribuyente (culpando a Sarkozy de vaciar las arcas del Estado), aumentar la presión del IRPF a las rentas más altas (hasta el 45%), crear un impuesto del 15% suplementario para las grandes empresas y una “carta salarial” para reducir la disparidad de ingresos. La derecha representada por Villepin trata de dar una imagen más suave que la de Sarkozy hablando de “república solidaria”.
Recorte social y movilización
Sin embargo, y a pesar de la derrota, Sarkozy se ha reafirmado en que “nada sería peor que cambiar totalmente de rumbo ahora”. Sus prioridades siguen siendo las mismas: recorte de las pensiones en seis meses, la supresión de 35.000 puestos de funcionarios al año (en lo que ya se ha denominado como el mayor expediente de regulación del mundo), y no prolongar los subsidios de desempleo para 600.000 parados que, según los sindicatos, se van a encontrar sin empleo este año; plan de austeridad para recortar 100.000 millones de euros del presupuesto público hasta 2013, y, además, la ley de prohibición del velo islámico.
Pero este programa es una receta acabada para alimentar el conflicto social. Los sindicatos ya tenían convocada una huelga general dos días después de las elecciones en defensa del salario, el empleo y del régimen de jubilaciones en la que participaron un millón de trabajadores del sector público y a las manifestaciones se sumaron miles de trabajadores del sector privado. Esta es la segunda huelga general en tres meses. El 26 de enero hubo otra para que las ayudas estatales se destinasen a crear empleo y no a beneficiar exclusivamente a las empresas. El resultado de las elecciones regionales no cae del cielo sino que se ha dado en un ambiente de movilizaciones, sobre todo el marzo. El día 9 de ese mes hubo una huelga de jueces, abogados y funcionarios de prisiones. El día 11 una huelga general de los hospitales públicos en contra del recorte de plantillas y de su privatización. El mismo día la movilización coincidió con la de los trabajadores del transporte público y los de las escuelas infantiles. El 12 de marzo hubo una huelga general de la enseñanza.
“Desde que comenzó la crisis Francia ha padecido una situación convulsa que ha derivado en cientos de manifestaciones de todo tipo a lo largo y ancho del país. No todas las manifestaciones han sido nacionales pero sin gran número de ellas han afectado al normal funcionamiento del país a pesar de ser parciales aunque con una clara intención de generalizar la huelga. Los funcionarios en 23 de abril de 2009, los empleados de empresas privadas el 26 de mayo de 2009, huelgas de transporte público y privado, movilizaciones el 10 de julio a favor de la festividad laboral del 14 de julio, una manifestación nacional el 22 de octubre de 2009 por la defensa del empleo del sector privado, movilizaciones por el empleo de los jóvenes, huelgas universitarias que mantuvieron cerradas la mayor parte de las universidades durante el segundo cuatrimestre del pasado año y un sin fin de protestas en cientos de empresas públicas como correos o la biblioteca nacional, y privadas” (porantonomasia.wordpress.com).
La izquierda acudió a las elecciones regionales con la idea de hacer de los poderes locales un “escudo social” frente a la crisis. Sin duda el ambiente movilizador será una presión muy fuerte para que así sea frente a todos los planes de recorte de los derechos laborales y sociales de la burguesía francesa y su Gobierno.
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