Pacto social o huelga general
Escrito por Redacción Viernes, 03 de Julio de 2009 12:55
¿De qué ha servido la «Declaración»? Mientras la crisis caía con toda su crudeza sobre los trabajadores, la política sindical ha alentado entre los trabajadores vanas ilusiones en ese tipo de acuerdos y ha dejado las manos libres a los empresarios para imponer sus medidas y pedir nuevos ataques a los derechos laborales: despido más barato, reducción de sus cotizaciones e impuestos, contrato de crisis… El propio documento reconoce el fracaso de esa vía afirmando que «el diálogo social mantenido hasta la fecha no solo no ha arrojado resultados positivos sino que se han producido importantes desacuerdos…». Durante el periodo de crecimiento de la economía todos los acuerdos del mundo no ha frenado la precarización de las condiciones laborales ni mantenido los salarios, que han sufrido una clara tendencia a la baja. El salario medio es un 43% menor en 2006 que en 1995*. Incluso entre 2002 y 2006, con el Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva en vigor, el salario medio anual pasó de 19.802 euros a 19.680. ¿Si eso sucedió en el momento más favorable, qué podemos esperar en momentos de profunda crisis?
Los dirigentes empresariales, envalentonados por la falta de oposición en la calle, han comprendido que la mejor forma de imponer sus exigencias es a través de un acuerdo a cambio de algo que ellos no van a pagar: ampliar parcialmente la cobertura económica a los parados, y poco más.
Sin embargo, los dirigentes de CCOO y UGT insisten en «un Acuerdo de carácter estatal a favor del empleo y la protección social, para el impulso de la economía y el cambio de modelo productivo, que sirva para salir más pronto que tarde de la crisis». Todos los pactos y acuerdos con la patronal y los distintos gobiernos suscritos por los sindicatos mayoritarios, han tenido el mismo resultado: han ayudado a los empresarios a recuperar sus tasas de beneficios a costa de los salarios, mientras crecía la precariedad y se cronificaba el desempleo. (Ver artículo sobre los Pactos de la Moncloa en este mismo número).
Solo la movilización puede poner coto a la voracidad patronal. El ejemplo a seguir es el de los trabajadores franceses. Por primera vez en más de 30 años, las ocho centrales sindicales principales se han puesto de acuerdo para convocar dos huelgas generales contra la política del Gobierno de Sarkozy y el aumento del desempleo, a pesar de que su tasa es la mitad de la española. Esta vía no sólo pone las bases para la unidad de los trabajadores en la lucha, por encima de las tradicionales divisiones sindicales en Francia, sino que sirve para crear lazos entre los distintos sectores de los trabajadores y la población (sector público, privado, inmigrantes, estudiantes…) que sufren las consecuencias de la crisis y de la política derechista del Gobierno. Este es el camino para aglutinar las fuerzas necesarias para hacer frente a los planes de la patronal, y desarrollar el convencimiento y la confianza entre los trabajadores de que hay que cambiar el sistema. El «libre mercado» nos ha llevado al desastre otra vez, poniendo de manifiesto la necesidad de construir una alternativa social y política que solo puede ser el resultado de la organización y la lucha de la clase trabajadora.
En España ya hay múltiples luchas, sobre todo en el sector público y en las empresas más afectadas por la crisis. Pero también se está comprobando la limitación de esas movilizaciones aisladas. Es necesario unirlas y preparar el terreno para una huelga general, a la que se puede llegar con una gran fuerza organizada si somos capaces de agrupar a la mayoría de los trabajadores tras un programa común de defensa y mejora de los salarios y de creación de empleo digno a través del desarrollo del sector público.
La única manera de parar la voracidad de los empresarios y la complicidad del Gobierno es la movilización de los trabajadores para impedir que nos pongan en la calle salvando sus beneficios. El paso previo es la unidad en las movilizaciones para preparar esa huelga general que sirva como aviso serio de que los trabajadores son capaces de plantar cara a quienes están empeñados en que la crisis la pague la clase trabajadora y no están dispuestos a perder un ápice en sus privilegios.
En el contexto actual la defensa de los derechos de los trabajadores a través del «pacto social» con quienes han provocado la crisis es absurdo y suicida. Es aceptar de antemano las condiciones de la patronal y la burguesía. El diálogo entre el esclavo y el señor. Sin embargo, el camino de la preparación de una huelga general es el de la recuperación y regeneración del movimiento obrero, difícil pero no quimérico. Una necesidad ineludible si no queremos ver girar la rueda de la historia hacia atrás.
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