Hugo Chávez propone una V Internacional

Debate V Internacional

Esther López Barceló

Hincar la rodilla o movilizarse

Refundación izquierda anticapitalista

es necesario preparar una huelga general europea frente al ajuste continental que se está aplicando

Hacia una huelga general europea

Hay que movilizar para un giro a la izquierda

Editorial

Las elecciones son siempre una imagen fija de las dinámicas de la sociedad. Los comicios del 9 de junio al Parlamento Europeo han destacado, sobre todo, el declive de las principales organizaciones tradicionales de la izquierda. Más que una victoria de la derecha es necesario hablar de una nueva derrota de la izquierda, pues la abstención es un fenómeno que afecta desde hace años a ésta. La causa de esa situación es tanto la desmovilización social como la falta de alternativa real a los problemas que tiene planteados la clase obrera europea. Una tarea ineludible, pues estas elecciones ponen de manifiesto que no basta apelar a la necesidad de frenar a la derecha para ganar, además hay que demostrar que se tiene una alternativa de izquierdas real. La crisis del capitalismo, con dramáticas consecuencias para millones de trabajadores, está haciendo más evidente la necesidad de ese rearme político y de poner el énfasis de la labor de la izquierda en la movilización.

¿Qué le aporta esta Unión Europea a los trabajadores? Más desempleo, jornadas de trabajo más largas, menores salarios, más privatizaciones de servicios, menos derechos democráticos… La sorpresa sería que no creciera la abstención entre ellos. El comisario europeo Joaquín Almunia, dirigente del PSOE, afirmaba que «la izquierda y la socialdemocracia no han sido capaces de presentar en estas elecciones un proyecto claro para una salida que combine la eficacia económica con los valores que defienden el proyecto socialdemócrata y de una Europa social y progresista». El problema es que sus hechos ya se han explicado antes apoyando una política básicamente a la medida de las grandes empresas europeas, llegando incluso a formar gobierno con la derecha en Alemania.

«Eficacia económica», traducido del argot político contemporáneo, quiere decir capitalismo y economía de mercado. Las direcciones socialdemócratas quieren conciliar capitalismo y derechos laborales, democráticos, humanos… y eso es lo que ha entrado en crisis. Al trabajador en paro y el que se tiene que bajar el salario para que no le despidan, no les consuela mucho que quien lo permita sea de «izquierdas». Lo que quiere es un empleo digno y bien remunerado, para empezar, y eso no es capaz de ofrecérselo la política de los Almunia, Brown, Zapatero… Por eso la abstención crece por la izquierda y por eso estas organizaciones están alcanzando sus mínimos históricos de apoyo electoral y militancia.

También en nuestro país, los resultados nos avisan de la posibilidad real de que la derecha vuelva al poder si las cosas siguen como hasta ahora, sin dar salida a los problemas de los trabajadores. Las europeas no son extrapolables literalmente a las generales, pero son un aviso de la tendencia dominante.
 
Es normal que la primera reacción de los trabajadores ante lacrisis no sea «hacer la revolución», sino buscar la manera de aguantar el chaparrón. La desmovilización  y la falta de alternativa de la izquierda refuerzan la idea de que la solución sólo puede venir desde el sistema y, en ese caso, tienen más éxito el original que la copia.

Crisis económica no es sinónimo de revolución. Máxime cuando son los propios dirigentes quienes, a pesar  de proclamar la necesidad de políticas de izquierdas y sociales, en la práctica se aferran a prácticas fracasadas, a acuerdos con la patronal e, incluso, con la propia derecha.  De poco sirve que en Madrid, el partido socialista se oponga a la política de privatizaciones sanitarias o educativas si desde el Gobierno central mantiene las leyes que las hacen posibles, o practica una muy similar donde gobierna —Andalucía o Catalunya, por ejemplo—.

Pero, sobre todo, el parado no puede esperar a que la economía empiece a mostrar sus «brotes verdes». El propio gobierno admite que el paro se mantendrá en al menos cuatro millones hasta 2012 ¿qué piensan hacer hasta entonces? Ya están planteando reducir el gasto público para el año que viene, con lo que podemos olvidarnos de grandes políticas sociales. Sólo un giro a la izquierda decidido, apoyándose en la movilización de los trabajadores y con medidas concretas que transfieran la riqueza de las capas más ricas de la población hacia la mayoría de la sociedad, y una intervención pública de la economía, bajo control democrático, que cree empleo y atienda las necesidades sociales, podría dar salida a la situación.

La fuerza política que hoy puede hacer una defensa de una alternativa socialista al capitalismo es Izquierda Unida. Ha quedado en evidencia la equivocada vía de la escisión que han puesto en práctica distintos sectores de esta organización a lo largo de estos últimos años. Han debilitado a IU pero no han logrado fraguar ninguna alternativa, contribuyendo a una mayor descomposición de la izquierda, no a su fortalecimiento. Es necesario aprender de los errores y animar a todos estos compañeros a volver a formar parte de IU, algo a lo que la dirección de esta organización debería abrir la puerta durante el proceso de refundación.

Igualmente, la dirección de IU se equivocaría si sobrevalorase el pequeña respiro electoral. El voto ha retrocedido —si bien en proporción mucho menor que antes, y se ha mantenido la representación institucional— precisamente cuando el PSOE acaba de perder más de 700.000 votos. IU puede volver a recuperar el respaldo que tuvo en el pasado y ganar nuevos apoyos, pero para ello es fundamental mantener una coherencia política en su actuación. Ésta se pierde en actuaciones como el reciente acuerdo con el PP en Caja de Madrid ¿cómo vamos a promover una movilización y una huelga general contra la política del PP en Madrid si pactamos con él temas de ese calado?

IU tiene que abandonar esa política fracasada, denunciar a la derecha, desenmascarar las claudicaciones de la dirección del PSOE, al tiempo que le ofrece una y otra vez al Gobierno su apoyo para un giro a la izquierda —con medidas como las planteadas por Cayo Lara al presidente Rodríguez Zapatero— y promueve la movilización más decidida en pro de los derechos de los trabajadores. Pero también es necesario garantizar un régimen interno plenamente democrático, que haga que todos sus militantes se sientan ilusionados tanto con su política como con la forma de actuar de su organización. Precisamente, esas graves carencias políticas y democráticas han sido el caldo de cultivo adecuado para las escisiones que ha sufrido estos años. Resolverlas es el camino para volver a consolidar fuertes raíces en el movimiento social, la fuente fundamental de la que debe nutrirse un movimiento político y social como pretende ser IU, en el que la representación institucional esté sometida a la lucha global por transformar la sociedad, nunca al revés. Esa es la tarea, hay que aprovechar esta nueva oportunidad.

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