Era, soy y seré
Escrito por Jesús Mª Pérez García Viernes, 03 de Julio de 2009 12:28
Rosa Luxemburgo: A 90 años de su asesinatoSu memoria ha resultado incómoda para muchos durante mucho tiempo, no sólo por sus escritos, que son una brillante defensa sin concesiones del programa marxista, y la honestidad en el comportamiento político, sino porque su propia figura despierta recuerdos que algunos querrían borrar: fue asesinada por un ministro socialdemócrata, y sus obras fueron proscritas por Stalin. Tanto socialdemócratas como estalinistas necesitarían reconciliarse con la historia para poder abordar la obra de la mujer que más ha destacado en el campo del socialismo.
Rosa comienza muy joven su actividad política. A los 16 años, en 1887, ingresa en el Partido Revolucionario-Socialista «Proletariado» en su Polonia natal. En 1889 colabora en la fundación de la Federación de Trabajadores Polacos. Ese mismo año se ve obligada a abandonar Polonia por la persecución policial. Desde 1981 es conocida como la líder teórico del partido. Se afinca en Zurich donde se doctora en Ciencias Políticas y desde donde dirige el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania.
En 1898 llega a Berlín donde también participa desde el primer momento en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Colabora en las tareas del partido en varias zonas de Alemania y en varios periódicos de la socialdemocracia. Desde esa posición Rosa se convierte, al poco tiempo de entrar en el SPD, en una de las dirigentes destacadas del ala marxista contribuyendo con brillantes aportaciones a la lucha teórica contra los revisionistas, encabezados por Eduard Berstein, quienes postulan el abandono de la revolución social, la meta final de la Socialdemocracia, y que se haga de la reforma social no ya un «medio» de la lucha de clases sino su «finalidad». Rosa, desde una perspectiva marxista, da réplica al teórico del reformismo con su obra «Reforma social o revolución» publicada, entre 1898 y 1899, en forma de dos artículos en el Leipziger Volkszeitung en los que no se limita a contestar a los argumentos teóricos de Berstein sino que establece un vínculo entre el abandono de los principios y el abandono de los métodos de lucha y las tácticas revolucionarias.
En 1901 es multada con 100 marcos por «ofender al ministro de Cultura» prusiano. En 1904 es sentenciada a tres meses de prisión por «insultar al Kaiser». Entra en prisión por primera vez y cumple la condena en la cárcel de Zwickau.
En 1905 se opone a la concepción burguesa que los mencheviques tenían de la revolución rusa. Se posiciona junto a los bolcheviques y a otros dirigentes del movimiento obrero internacional, como Parvus, Kautsky y Trostky, defendiendo que «la revolución rusa… es puramente proletaria como ninguna otra lo ha sido hasta ahora». Para ella la principal lección de esa revolución fue la huelga política de masas y consiguió que en la asamblea del partido en Jena, ese mismo año, se admitiese la huelga política como un arma que en determinadas condiciones debería ser usada por la clase trabajadora alemana.
La revolución de 1905
En plena revolución de 1905 entró clandestinamente en Varsovia viajando en un tren militar cargado de soldados y armas que iban a sofocar la rebelión en la capital. El 4 de marzo es arrestada, junto a Leo Jogiches, y encarcelada. No es liberada hasta el 21 de junio, y un mes más tarde es deportada, pasando por Rusia y Finlandia antes de volver a Alemania y enfrentarse a otros dos meses de cárcel por haber afirmado en la reunión de Jena que «las revoluciones que ha habido hasta ahora, y en especial la de 1848, nos han demostrado que no es a las masas a quien hay que sujetar, sino a los parlamentarios para que no traicionen a las masas y a la revolución».
En el curso 1907-08 comienza a impartir clases de Economía Política en la escuela del SPD, tarea que mantuvo hasta 1914. También entra a formar parte de la redacción de Vorwärts, el periódico central de la socialdemocracia alemana.
Las diferencias políticas con Kausky se van haciendo mayores hasta que en 1910 el SPD se divide en tres tendencias: la de los reformistas, que adoptan una política pro-burguesa; la de los llamados marxistas de centro, encabezados por Kausky y que tras una concepción de la lucha como «defensiva» se limitan a fomentar una oposición parlamentaria; y el ala revolucionaria encabezada por Rosa, Clara Zetkin, Mehring, Liebknecht…
El 3 de agosto de 1914 el grupo parlamentario socialdemócrata, 111 diputados, decide apoyar los créditos de guerra que pide el Gobierno del Kaiser y que le permitían lanzarse por la vía de la I Guerra Mundial. Los 15 diputados que se oponían deciden no romper la disciplina de voto. Karl Liebknecht sería el primer diputado en romper, en solitario, la disciplina de voto rechazando los créditos de guerra. Para Rosa, la actuación de los dirigentes socialdemócratas, suponía apoyar las ansias expansionistas de la burguesía alemana y decide, junto a un pequeño grupo de socialistas que se reúne en su propia casa, luchar contra una guerra que califica de imperialista. Despliegan una gran actividad y Rosa es detenida «por incitar a los soldados a la rebelión» el 20 de enero de 1914. El tribunal la condena a un año de prisión aunque la entrada en la cárcel se aplaza. El 19 de febrero de 1915 es llevada a la cárcel de Barninstrasse, en Berlín, de la que no sale hasta mediados de febrero de 1016. Estará libre poco tiempo.
El 1 de enero de 1916, y a instancias de Rosa desde la cárcel, se reúne la Conferencia Nacional del ala izquierda del SPD en la que se forma la Liga Espartaquista. Rosa escribe en la cárcel el programa de la organización para el tiempo que dure la guerra.
El 10 de junio de 1916, vuelve a ser arrestada y, sin juicio ni condena, permanece en «prisión preventiva» hasta la revolución de noviembre de 1918, en la víspera de la caída de la monarquía.
Los espartaquistas se mantienen en el SPD hasta 1917 cuando se integran en el Partido Socialdemócrata Independiente Alemán (USPD) escindido por la izquierda del viejo SPD. Cuando el 9 de noviembre de 1918 el emperador, Guillermo II, y el príncipe heredero renuncian, proclamándose la República Alemana en el Parlamento (Reichstag) los dirigentes del SPD proponen a los del USPD la formación de un gobierno común, encabezado por el socialdemócrata Ebert, que resulta ser prácticamente el mismo que antes de la revolución pero cada ministro asistido por dos subsecretarios, uno del SPD y otro del USPD.
A partir del 18 de noviembre los espartaquistas editan el diario Die Rote Fahne (Bandera Roja) dirigido por Rosa. Desde sus páginas Rosa defiende su concepción de la Revolución como socialista, diferenciándose de todas las corrientes y partidos reformistas que seguían manteniendo que era una revolución democrático-burguesa. A principios de diciembre la Liga Espartaco publica su programa en Die Rote Fahne, redactado por Rosa y que supone la ruptura con la socialdemocracia independiente.
Del 16 al 21 de diciembre se reúne el Primer Congreso de los Consejos de Obreros y Soldados de Alemania, dominado por los socialdemócratas que impiden que se debata el programa propuesto por los espartaquistas que se basaba en dar todo el poder a los Consejos de Obreros y Soldados, la disolución del Gobierno Ebert, desarmar a la contrarrevolución dando el armamento a los trabajadores y hacer un llamamiento internacional a los proletarios de todo el mundo para la formación de Consejos de Obreros y Soldados para llevar a cabo la revolución socialista mundial.
El 23 de diciembre tiene lugar la Conferencia Nacional espartaquista en la que se decide la ruptura con el USPD y formar el Partido Comunista. Rosa redactó el programa que se aprobó en el Congreso fundacional celebrado el 30 de diciembre y 1 de enero de 1919.
La lucha entra en su fase decisiva y las fuerzas de la contrarrevolución se centran en reprimir a las fuerzas espartaquistas. A Noske, el ministro socialdemócrata del Interior del gobierno Ebert, se le otorgan plenos poderes para acabar con la revolución y él acepta afirmando: «Bien. Uno de nosotros deber ser el perro policía. No temo esa responsabilidad».
Se desata una represión brutal en la que los revolucionarios no son detenidos sino asesinados. Rosa es detenida por una de las unidades del Freikorps (bajo la autoridad directa del ministro socialdemócrata), maltratada en el Hotel Eden y asesinada (un soldado le destroza el cráneo con la culata de su fusil). Su cadáver es arrojado a un canal y no será recuperado hasta el 31 de mayo, tres meses y medio después. El mismo día otros muchos espartaquistas son asesinados, entre otros, Liebknecht.
Al día siguiente es prohibido el diario espartaquista y el Estado de Sitio se prolonga hasta el 5 de diciembre de 1919, todo un año en el que se van aplastando todos los brotes revolucionarios.
Rosa Luxemburgo sufrió en muchas ocasiones una actitud discriminatoria, incluso por parte de sus propios compañeros de partido, por su condición de mujer, como la sufrió por su origen judío y por su pertenencia a una nación, Polonia, oprimida por el imperio Ruso, Alemania y Austria. Pero fue siempre de pies a cabeza una socialista internacionalista, y todos los problemas, el de la opresión de la mujer y de las minorías nacionales, los vio bajo la óptica de la lucha por la transformación socialista de la sociedad, dándoles un contenido de clase. «La fraternidad mundial de todos los trabajadores es para mí la cosa más elevada y más sagrada del mundo, es mi estrella guía, mi ideal, mi Patria; ¡prefiero perder mi vida que traicionar este ideal!». Así fue, pero se le puede aplicar a ella misma la afirmación que hizo sobre la revolución en sus últimas palabras escritas: «!Era, soy y seré¡».
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