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Literatura y crisis

Cultura

«La marcha Radetzky» de Joseph Roth

Ahora que vivimos inmersos en una crisis crucial del sistema capitalista, ahora que se habla de nacionalizaciones de bancos, despidos masivos, intervenciones estatales, especulaciones destapadas y privatizaciones enmascaradas; ahora que surgen los capitalistas que nunca habían roto un plato quitándose la chaqueta del liberalismo y enfundándose con cara de buenos chicos la del keynesianismo, ¡¡corruptos!!; ahora, cuando baja el euríbor y renace Marx (si es que alguna vez se había ido), es un buen momento para leer aquellas obras que relatan y sitúan momentos de crisis como la actual y que quizás nos expliquen por qué estamos donde estamos y qué podemos hacer. Y de eso va este artículo, de libros interesantes que hablan de crisis. Trataremos pues de reseñar a lo largo de varios artículos (y es que la crisis va para largo) una serie de libros que nos permitirán acercarnos a esas crisis con mayúsculas que ha deparado la Historia, o, por lo menos, a algunas de ellas.
 
Joseph Roth nació en 1894 en la provincia austríaca de Galitzia (hoy equivaldría a una región dividida entre Polonia y Ucrania) y murió en París en 1939, está considerado uno de los escritores más importantes de la primera mitad del siglo XX. Otras obras suyas destacables son: «La leyenda del santo bebedor» y «La rebelión». Roth sirvió en el ejército austríaco durante la Primera Guerra Mundial, fue periodista y residió en Viena, París, Amsterdam y Berlín, de donde se exilió tras la llegada al poder de los nazis en 1933. Roth, de origen judío, profesaba simpatía por el socialismo y así se reflejaba en sus textos allá por 1923, sin embargo, parece que suavizó sus tendencias socialistas tras un viaje como corresponsal a la URSS en 1926 en el que se mostró crítico con algunos aspectos de la Rusia revolucionaria.

Joseph Roth escribió «La marcha Radeztky» en 1932. La novela narra la decadencia y desaparición del Imperio Austro-Húngaro (y paralelamente de las sociedades burguesas de alto copete) desde 1859 en la batalla de Solferino hasta 1916 cuando muere el Emperador Francisco José I, este proceso está hilvanado a través de la vida de tres generaciones de los Trotta, la familia protagonista. El abuelo, Joseph Trotta, un campesino que lucha en el ejército del Imperio, salva casi por casualidad la vida del Emperador en la batalla de Solferino; este hecho marcará la existencia de su hijo, Franz Trotta, y de su nieto, Carl Joseph Trotta, en quienes se centra principalmente el texto. La novela expone de forma magistral la desintegración de un vasto Imperio multiétnico y plurinacional a lo largo del reinado del Emperador Francisco José I.


El contexto político

En 1848 y tras los levantamientos de obreros, estudiantes, milicias urbanas y pequeña burguesía en Viena, se instaura la dictadura y se fuerza la abdicación de Fernando I en su sobrino Francisco José I que en 1849 pasa a dominar también Hungría. Los dominios de este Imperio son importantes: austríacos, húngaros, eslovenos, croatas, checos, eslovacos, polacos, ucranianos y rumanos. En 1859 y tras la citada batalla de Solferino, con la que comienza la novela, el Imperio, derrotado en esa batalla por Francia y Cerdeña-Piamonte, pierde las provincias italianas y comienza el lento desmoronamiento. Es curioso el nombre de Radetzky, proviene del laureado jefe de las fuerzas austríacas en Italia y, si recordamos, esta marcha (compuesta por Joseph Strauss en 1848) se toca siempre en el Concierto de Año Nuevo en Viena, ¿podríamos pues pensar en un poco de añoranza del viejo Imperio? En 1867 los húngaros recuperan su independencia y se produce una especie de dualismo austro-húngaro ya que Francisco José es emperador de Austria y rey de Hungría.

Esta división en múltiples provincias, naciones y parlamentos hace resentirse al Imperio que se mantiene unido disciplinadamente gracias al ejército y a la burocracia. Así, la Constitución de 1867 solo reconoce libertad de pensamiento y asociación a los austríacos, siendo múltiples las disensiones internas en tan heterogéneos territorios. En 1884 se promulgan nuevas leyes de excepción ante los movimientos obreros que  obstaculizan en parte el auge del socialismo. En 1887 aparece el Partido Social-Demócrata Obrero desarrollando la teoría del «austromarxismo» que busca el reconocimiento y el derecho de las diferentes nacionalidades del Imperio a la autodeterminación. Ya en 1907, y tras la implantación del sufragio universal, se convierte en el segundo partido más importante.

Este batiburrillo de nacionalidades convierte el Parlamento en ingobernable, resultando 233 votos alemanes frente a 265 eslavos fraccionados en 28 grupos; así que se gobierna a través de decretos imperiales hasta la disolución del Reichsrat en 1914, hecho premonitorio del fin del Imperio Austro-Húngaro. Este final, vendrá marcado especialmente por el asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando y su esposa en junio de 1914 en Sarajevo y el posterior comienzo de la Primera Guerra Mundial, donde el Imperio batallará sin éxito por seguir manteniendo la idea de su estado supranacional.


Los movimientos obreros

Vivimos en el dominio de los regímenes burgueses que desarrollan un modelo de riqueza desmesurada y de suficiencia y tranquilidad insultantes. La novela nos describirá el repentino desmoronamiento de un mundo que parecía férreamente anclado. Este dominio de la sociedad burguesa se ve acentuado tras la derrota de la Comuna de París en 1871, el fracaso de la I Internacional en el Congreso de La Haya en 1872 y el dominio de la economía europea sobre la economía mundial (solo Inglaterra exportaba anualmente el 11% de su PIB, hecho insólito, incluso actualmente). Cuando comienza la novela, en 1859, podemos ir desglosando los interesantes movimientos obreros y sindicales que se van produciendo en toda Europa y en EE.UU: la citada I Internacional (1864), la Trade Union Congress (1868) y el Independent Labour Party (1893) en Inglaterra, la II Internacional (1889), la American Federation of Labour (1886) en EE.UU, el Partido Obrero Socialdemócrata (1869) de corte marxista que funda Liebknecht en Alemania, el enfrentamiento ideológico de éste y Rosa Luxemburgo con el revisionismo y la corriente reformista que defiende Bernstein (y que acabará imponiéndose, como ya sabemos), la creación del Partido Obrero Socialista Revolucionario (1882) y la C.G.T (1895) en Francia, en Italia se funda el Partido Socialista de los Trabajadores Italianos (1893) y la Confederazione Generale del Lavoro (1906), el ya citado Partido Socialdemócrata Obrero de Austria (1867), en 1881 nace en Polonia la organización clandestina «Proletariado» (en la que ingresaría en 1886 Rosa Luxemburgo) y para qué hablar de Rusia donde se suceden 48 huelgas industriales en el quinquenio 1881-86, llega la Primera Revolución rusa en 1905 y la Revolución de Octubre en 1917. Un período espectacular en el que se desarrolla contemporáneamente la novela que, como ya decíamos, acaba en 1916 con la muerte de Francisco José I, en plena Guerra Mundial y preludiando la Revolución de Octubre.


«La marcha Radetzky»

En 1859 durante la batalla de Solferino, el Emperador Francisco José I acude al frente y observa con unos binoculares el estado del propio campo de batalla, el teniente Joseph Trotta se da cuenta del perfecto blanco que ofrece el Emperador en su estado y se lanza contra él para derribarlo y tumbarlo en el suelo, en ese preciso momento es herido en el hombro por la bala que iba dirigida al imprudente Emperador. Este hecho marca la vida de la familia Trotta, pues el abuelo es ascendido a capitán, condecorado con la más alta distinción y obtiene un título de nobleza, pasando a llamarse Joseph Trotta von Sipolje (por su origen esloveno), conocido por todos en el Imperio como «el héroe de Solferino». Así comienza la novela, un hecho fortuito sirve para arrancar la historia de una familia que transcurrirá paralela a la caída de un imperio. Años más tarde, al leer un manual de historia, el propio Joseph descubre que el hecho ocurrido en Solferino ha sido distorsionado y magnificado en un gesto propagandístico más de un Imperio que usaba la burocracia, el ejército y la propaganda como pilares. Indignado, pide audiencia al Emperador para reclamar un texto veraz, pero la burocracia se impone y todo sigue como estaba, sin embargo, Joseph ya no será el mismo.

Roth narra aquí la modélica a la par que insulsa vida de Joseph y de su hijo Franz que mantienen una relación paterno-filial de marcialidad (incluso el nieto pierde a un amigo en un absurdo duelo por honor) y disciplina; la decadencia se va observando en la familia, al abuelo militar y condecorado le sucede el hijo administrativo jefe de distrito. La novela explica con detenimiento los personajes, su origen, su clase social, sus relaciones de poder y su trabajo, construyéndose poco a poco, lo cual es de agradecer. El tercer personaje es el nieto, Carl Joseph, que también ingresa como militar y al que la novela dedica la mayoría de sus páginas. La relación paterno-filial continúa por las mismas sendas (espartanos informes periódicos por escrito al padre y respuestas de éste); pero el control no parece tener las mismas consecuencias, Carl Joseph es un personaje más anárquico, a lo largo de la novela se enamorará de mujeres casadas, se aficionará a la bebida como apoyo a su debilidad y sentimentalismo, se replanteará su continuidad en el ejército, caerá en el juego y las deudas, en definitiva se establecerá un paralelismo entre su figura y la del Imperio. Roth establece en el personaje del hijo la personificación del fin de una época.


La crisis de un modelo de sociedad

La novela no deja de lado el ineludible aspecto político, el padre va viendo en su devenir diario como jefe de distrito como la monarquía imperial empieza a ser cuestionada por su inutilidad, comienza a ver como las reivindicaciones de los mismos derechos para todos, la independencia de las naciones del Imperio y el fin de los privilegios de la nobleza son discursos florecientes; sus contertulios observan con alegría  el surgimiento de movimientos socialistas que aunque peligrosos sirven de contrapeso al poder monárquico y así, los comentarios sobre el anacronismo de ciertas prácticas militares se hacen frecuentes.

Roth nos muestra la grandiosidad del Imperio Austro-Húngaro cuando Carl Joseph es destinado a la zona limítrofe con la Rusia de los zares, en pleno auge. Estamos hablando de un traslado de la actual Austria a la actual Ucrania sin salirse del Imperio, vaya. Allí comienza su afición al juego, las deudas y la bebida, habituales elementos entonces de la decrepitud del ejército, bastión del Imperio. Un hecho leve pero insólito, como la no recepción del correo diario y la muerte del anciano criado, le sirve a Roth para poner de manifiesto en la figura del padre el comienzo de la crisis. En su viaje a la frontera para ver a su hijo, recibe de uno de los altos miembros del ejército la bofetada definitiva: ha llegado el sufragio universal, la monarquía basada en la religiosidad del designio divino se resquebraja y empiezan a surgir los estados nacionales como consecuencia de una sociedad multiétnica. La novela habla de la influencia de la Revolución Industrial como catalizador del cambio de la sociedad burguesa hacia los grandes imperios capitalistas posteriores. Franz Trotta considera un peligro para el Imperio los cambios tecnológicos como la electricidad y la nitroglicerina y otro ejemplo más de lo que vendría después es la aparición de los casinos (símbolo capitalista por excelencia) que empiezan a hacer estragos en el ejército, hecho simbolizado en el hijo Carl Joseph y sus crecientes deudas de juego. El ansia capitalista por el dinero rompe los ideales del Imperio, la grandeza de éste se va perdiendo al mismo tiempo que la vida del Emperador. Roth pone de relieve el contraste entre la melancolía del padre por esa grandeza diluida que ya solo permanece en la estética de los desfiles militares con la abigarrada existencia del hijo, protagonista del derrumbe.

El auge de los movimientos obreros se detecta en el trabajo del padre, jefe de distrito, que empieza a darse cuenta de la titánica e inconmensurable tarea de contener los crecientes disturbios, reuniones sindicales, huelgas, protestas y concentraciones que se producen en su ciudad. No tardará en recurrir al ejército para contener a los obreros, con enfrentamientos directos. Mientras, la palabra libertad que se asimilaba al honor, comienza a ser reasimilada al emergente vocablo del dinero fácil. Roth describe magistralmente con hábiles dosis de ironía la pantomima en la que vive el Imperio con un capítulo dedicado a la figura del Emperador Francisco José I. Ya anciano, es plenamente consciente del engaño al que le someten sus súbditos diariamente y que él como cabeza visible del Imperio tiene que transigir para que todo se siga sosteniendo, aunque sea por poco tiempo. Los cambios políticos siguen dejándose sentir en los personajes según avanza la novela, el padre deja de creer en el sistema férreo al que contribuye con su trabajo y desiste de intervenir en la ya fracasada (según el patrón imperial) vida de su hijo, las costumbres burguesas siguen pues su declive. Aún así, la burocracia continúa funcionando y el padre, tras entrevistarse con el decrépito Emperador, consigue que se conmuten las indecorosas deudas de juego de su hijo.


Conclusiones

Pero llega 1914 y el asesinato en Sarajevo del príncipe heredero del Imperio, que impulsa finalmente todo el proceso de deterioro, la monarquía divina e imperialista llega a su fin con las luchas internas entre los distintos pueblos que la componen y su participación en  la 1ª Guerra Mundial. Carl Joseph que se había retirado del ejército a una vida campesina en Rutenia vuelve para luchar en la primera gran guerra y siguiendo con esa vida que late al mismo ritmo que el propio Imperio fallece en circunstancias poco heroicas mientras recogía agua en dos cubos, exponiéndose gratuitamente a las balas enemigas en una especie de suicidio premeditado. La novela finaliza con la muerte del Emperador en 1916 y posteriormente, unos días después, del padre, el jefe de distrito. La familia Trotta ha sido sin quererlo un claro ejemplo del auge y caída de un Imperio que simbolizaba el esplendor de la sociedad burguesa de la segunda mitad del siglo XIX; del fulgor imperial del abuelo, héroe en Solferino, al final de un imperio en la muerte del nieto, pasando por todo el desmembramiento que vive en todo su proceso el padre, superado por los avances técnicos, por los movimientos obreros que conquistan logros sociales y por la fragilidad de las fronteras con la heterogeneidad de los pueblos que formaban el Imperio Austro-Húngaro.

¿Qué ocurre de repente para que un mundo tan compacto, confiado y consolidado se venga abajo? ¿Cómo tras tantos años de represiones, de sometimientos y de injusticia, la complacencia del pueblo se torna en rechazo y lucha? ¿Qué papel jugaron las grandes fuerzas de izquierdas surgidas a finales del siglo XIX en estos procesos? ¿Acabaron en algunos casos por hacerle el juego contrarrevolucionario al sistema, ahogadas por él y participando del mismo en lugar de buscar su fin? ¿Qué paralelismos podemos encontrar con aquella crisis de la sociedad burguesa con la crisis que cuestiona el capitalismo y su hegemonía hoy en día? Aquel mundo imperialista parecía que iba a durar eternamente y en unos pocos años se vino abajo, no era un poder débil, pues sometió a la sociedad europea mucho tiempo, pero se desvaneció en poco más de cinco años. El capitalismo actual podría encontrarse en la misma situación, hace tan solo unos años nos parecía todopoderoso e interminable, sin embargo, la materia se ha transmutado y ahora muestra su flaqueza y sus grietas por las que nos colamos con más facilidad y menos control. Nadie puede predecir casi nunca qué pasará tras una crisis, pero lo que sí es cierto es que estamos en una etapa crucial y esencial para el devenir del proceso; así que deberemos aprender de los procesos históricos del pasado para que las fuerzas de izquierdas logren transformar la sociedad (ahora que parece que se puede) y hagan del capitalismo una entelequia que pueda ser novelada como lo fue también aquel Imperio que el gran analista Joseph Roth tan certeramente supo reflejar en «La marcha Radetzky». Empecemos por leerla.

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